Descripción
La devoción a las llagas de Cristo no es algo propio de almas insustanciales y caracterizadas por una rara piedad: son una declaración de amor y tiene un profundo fundamento teológico y espiritual, que han seguido almas egregias. Son la puerta para entrar en el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, son fuente de la que botan los sacramentos, y constituyen un reclamo del que se sirve el Espíritu para lograr la unión con Jesús y el amor a las almas.
La autora, querido lector, desea que la lectura del libro avive en ti el deseo de contemplar las llagas de Jesús y te ayude a amar más al Seños.
Esas heridas son el testimonio perpetuo del amor de Dios en el Cuerpo de Cristo. Pidamos al Espíritu Santo que infunda su soplo sobre la Iglesia, para que todos vivamos esta devoción y, así, seamos almas verdaderamante contemplativas.





